AT.MADRILEÑO-GANDIA Y EL FINAL DEL VERANO.

La foto de aquí abajo pertenece al partido At. Madrileño-Gandia del 21 de Septiembre. Estamos en 1986 y el verano da sus últimos coletazos…

CF Gandia, estadio Vicente Calderón. De izquierda a derecha: Basauri, Torres, Pomar, Marro, Guijarro y Prados; Rafa, Jiménez, Franco, Alberto y Cuqui Vidal.

Veraneaba en la misma casa de la Playa de Gandia desde que tenía uso de razón. El verano comenzaba rezumando ilusión por el final de las clases, por la mudanza a la casa del verano, por los primeros baños en el mar, por volver a ver a los amigos forasteros a los que no veías desde el verano anterior… pero acababa convirtiéndose, a medida que discurrían las semanas y alcanzábamos el mes de agosto, en un tedio rutinario de calor asfixiante, de un insano rito diario de tostarse (vuelta y vuelta) en la playa a temperaturas superiores a 30 grados, de vecinos madrileños que iban y venían, del bullicio agotador de «millones» de turistas colonizando la playa… y con la extraña sensación de que algo importante, muy importante, faltaba: era la liga de fútbol.

Yo acababa siempre anhelando la llegada del mes de septiembre porque con él todo volvía a comenzar: el fútbol, los clásicos coleccionables de Rba o de Planeta-Agostini, la programación habitual de la televisión y la radio… y también porque la Playa de Gandia experimentaba una curiosa, fascinante, transformación; en pocos días pasaba de ser un lugar abrumadoramente masificado, a convertirse en un sitio deshabitado, casi desolado. Un lugar magnífico para solitarios empedernidos.

La Playa de Gandia ofrecía, con el final del verano, un paisaje urbano que de tan desértico parecía casi post-apocalíptico. Recuerdo pasear en bicicleta al atardecer, sin rumbo fijo, por las calles de la playa, mientras las nubes poblaban cada vez con mayor frecuencia el horizonte anunciando las primeras lluvias del Otoño. Y en mi imaginación infantil desbordante soñaba con que, al girar la esquina, pudieran aparecer en cualquier momento, por aquellas calles inhóspitas, las hordas de despiadados motoristas de la película «Mad Max»…

Septiembre era el mes deseado pero tenía su lado oscuro, su reverso tenebroso: la vuelta a las clases. Yo tenía casi 13 años y el curso 1986/87 se antojaba transcendental. Era mi último año en el colegio, antes de dar el salto al instituto, y lo hacía con una importante losa en la mochila: había suspendido las odiosas Matemáticas de séptimo de EGB y tenía que afrontar el último año con ese importante lastre a cuestas.

Estadio Vicente Calderón. Situado en la Ribera del río Manzanares, fue inaugurado en 1966 con el nombre de Estadio Manzanares. En 1971 fue rebautizado como Estadio Vicente Calderón en honor al histórico presidente colchonero. El Gandia jugó en este estadio dos partidos de Liga de Segunda B (temporadas 1986/87 y 1991/92). Albergó los partidos del Atlético de Madrid hasta la temporada 2016/2017 y fue demolido en el verano de 2020.

Pero hablando de cosas más importantes (ejem), la temporada 1986/87 se presentaba especialmente ilusionante para el CF Gandia. El equipo había ascendido, unos meses antes, a Segunda B, por primera vez en su historia, tras golear en un irrepetible partido al Maspalomas. El club afrontaba una campaña histórica, compitiendo en una categoría potentísima que había quedado reducida a un grupo único de 22 equipos, en el que teníamos como rivales a númerosos equipos históricos del fútbol español (Granada, Córdoba, Tenerife, Salamanca, Burgos…). Gandia respiraba un ambiente futbolístico de euforia y excitación desbordantes y el Guillermo Olagüe se llenaba cada dos domingos en partidos multitudinarios que eran una auténtica fiesta.

La liga había comenzado en casa el último día del mes de agosto con un empate injusto ante el Mallorca Atlético, en un partido en el que el Gandia disfrutó de numerosas ocasiones, con las que hubiera podido conseguir una victoria holgada. La histórica alineación del debut en Segunda División B estuvo integrada por Basauri, Marro, Guijarro, Pomar, Torres, Alberto (Cuqui Vidal), Jiménez, Chesa, Carlos Santandreu, Franco y Durán (Rafa). Seis de los 13 jugadores que participaron en ese partido eran de la comarca: Guijarro, Cuqui Vidal, Chesa, Carlos Santandreu, Franco y el turolense naturalizado saforenc y legendario capitán, Domingo Pomar. Para la posteridad queda el primer gol del partido marcado por Jiménez a los tres minutos de juego, el primero del club en la Segunda B.

El primer desplazamiento, la semana siguiente, iba a ser al Nou Camp de Sa Pobla para enfrentarnos a otro equipo balear, el Poblense, dirigido, curiosamente, por el veterano entrenador valenciano Evaristo Carrió. Allí el Gandia consiguió una victoria espectacular, muy celebrada, por 2-6. Un triunfo coral en el que la media docena de goles se repartió entre Prados, Jiménez, Pomar, Quique Peiró, Rafa y Alberto

En el siguiente partido el Gandia recibía a uno de los equipos favoritos, la Unió Esportiva Lleida, consiguiendo la primera victoria de la temporada en casa al imponerse, en un partido  muy disputado, por 1-0, con gol solitario del grauer Chesa conseguido a los 8 minutos de juego de la segunda parte tras culminar una buena jugada de Rafa. Con esta victoria, después de tres jornadas, el Almería era el líder con 6 puntos (había ganado todos los partidos) y el Gandia ocupaba la segunda posición con 5 puntos (empatado con el Granada y el Alzira). Había que frotarse los ojos porque estábamos en puestos de ascenso a Segunda División A.

Imagen de un Gandia-Linense. La Penya Paperets deja su huella en la portería del equipo rival ante una grada de Preferente completamente abarrotada de aficionados. Estamos en la temporada 1986/87, la del debut en Segunda B, cuando el Guillermo Olagüe era una fiesta cada dos semanas. (Fotografía «Gente de la Safor»).

En la cuarta jornada de liga, pues, ese Domingo 21 de Septiembre, el Gandia visitaba el campo del At.Madrileño con la vitola de equipo revelación. La prensa de Madrid (el Marca), resaltaba el buen comienzo de temporada del Gandia y se hacía eco de la espectacular goleada infringida por los gandienses al Poblense en el anterior desplazamiento. Era un partido con una connotación especial pues se trataba de la primera vez que el Gandia visitaba en Liga el estadio Vicente Calderón, el mismo que recibía el nombre del presidente colchonero. Calderón, que tenía su segunda residencia en Gandia, era un personaje muy vinculado a la Playa y al Grau, y propició, desde finales de la década de los sesenta y hasta principios de los setenta, la llegada de numerosos jugadores cedidos del Atlético de Madrid al Gandia, entre los que destacaron Clares y Orozco. Vicente Calderón iniciaba en la temporada 1986/87 su vigesimoprimera temporada al frente del equipo colchonero, sin saber que sería la última, pues fallecería meses después, en Marzo de 1987, cuando estaba a punto de cumplír 74 años.

El partido en el Calderón despertó una gran expectación en Gandia y numerosos aficionados blanquiazules se desplazaron hasta Madrid para apoyar al equipo, movidos por el entusiasmo de un gran arranque de liga en la temporada más importante de la historia, y con el atractivo añadido que suponía visitar uno de los estadios más relevantes del fútbol español. La tarde ofrecía, además, la posibilidad de disfrutar de un doble programa futbolístico, pues el At.Madrileño-Gandia, que comenzaba a las 19:45 horas, se disputaba a continuación del partido de Primera División que enfrentaba al primer equipo rojiblanco contra la UD Las Palmas.

El filial Atlético estaba dirigido por un clásico entrenador madrileño, Eduardo Caturla, y presentaba un plantel de futbolistas más bien desconocidos. En efecto, ninguno de aquellos jugadores llegó a consolidarse en el primer equipo, aunque Quique Estebaranz (que no jugó contra el Gandia) defendería la camiseta del Barcelona y Tenerife, entre otros, y llegó a ser internacional, mientras Rivas se convirtió en un  jugador mítico del Real Oviedo, con el que jugó 10 temporadas en Primera División. Pero pese a ello, el  segundo equipo colchonero imponía un necesario respeto, no sólo por ser el filial de uno de los grandes del fútbol español, sino también porque en las 6 temporadas anteriores había militado en la Segunda División A.

Recuerdo escuchar el partido sentado en un banco frente a mi casa de la playa, junto a un amigo de Gandia, el último superviviente de la pandilla del verano, con el silencio de la calle quebrado por la narración de Miguel Ángel Picornell a través de las ondas de Radio Gandia, y con la emoción de un empate sin goles que se prolongó en el marcador durante gran parte del mismo, hasta que llegó un gol del rival en la recta final. Un gol (marcado por un tal Miguelín) que daba la victoria a los locales y suponía la primera derrota de la temporada para el Gandia, con la consiguiente decepción.

Crónica del At.Madrileño-Gandia del diario Marca del 22-9-1986.

La euforia entre la afición por el buen comienzo de Liga iba a ser efímera, y la derrota en el Vicente Calderón, unida a los resultados en los siguientes partidos, iban a significar un baño de realidad para el Gandia, que acabaría retrocediendo paulatinanente en la clasificación para acabar metido de lleno, como se esperaba, en la lucha por la permanencia. Con la llegada del Otoño el Gandia debía, pues, ponerse el mono de faena para salvar la categoría mientras yo debía hacer lo mismo para aprobar (tarea ciertamente peliaguda) las dichosas Matemáticas: esa Espada de Damocles, ese peligro permanente que me iba a acompañar en los siguientes cursos. El verano de 1986 se consumía y yo apuraba sus últimos días leyendo novelas de Agatha Christie mientras las gotas de lluvia se estrellaban tímidamente sobre la terraza de mi casa de la playa. Yo tenía casi 13 años, y pese a las Matemáticas, imaginaba que era difícil ser más feliz.

Xavi Martí-Futbol en la Ribera del Serpis.

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