Siempre me llamó la atención la unanimidad en las opiniones; el cariño y el respeto con el que se referían a él aquellos que compartieron vestuario. Luis Aragonés fue una persona especial que dejó un legado futbolístico para la historia, seguramente, insuficientemente reinvidicado. Suya fue una de las frases, tan sencilla como vehemente, que mejor resume la esencia del fútbol profesional: » el fútbol es ganar y ganar y ganar y ganar y ganar y volver a ganar y ganar y ganar y ganar y ganar…queréis que me tire media hora? eso es el fútbol…»
Encontrar una conexión con el CF Gandia para insertar en «Futbol en la Ribera del Serpis» este pequeño homenaje a Luis Aragonés no es necesariamente difícil, pues los aficionados más veteranos recordarán, sin duda, aquel partido en el que se enfundó la camiseta del CF Gandia. Porque sí, Luis, jugó también, aunque sólo por un día, con el Gandia.

UN TIPO PECULIAR
Luis era un tipo peculiar. Escasamente diplomático, tenía un carácter fuerte, en ocasiones explosivo. Defendía a muerte a sus jugadores y, en general, no tenía una relación especialmente buena con la prensa. Se expresaba siempre con naturalidad y protagonizó algunas polémicas en las que se le tildó, injustamente, de violento o de racista. Podía haber dos personas en el mismo Luis; un día podia ser simpático y dicharachero y al siguiente huraño y agrio. Su carácter estuvo marcado por sus propios demonios internos: fue diagnosticado de Trastorno Bipolar y sufrió varias depresiones a lo largo de su carrera como entrenador que le obligaron a parar durante algunos periodos.
Uno de los futbolistas que mejor lo conoció fue el camerunés Samuel Eto’o; en la temporada 2000/2001 Luis y Eto’o coincidieron en el Mallorca. De esa temporada es la famosa imagen en la que Eto’o, tras ser sustituido en un partido en «La Romareda», mostró su descontento al entrenador. Luis, que ya había tenido algún encontronazo con él y que no toleraba ciertos gestos, lo agarró de la pechera y lo zarandeó, mientras le gritaba: «Conmigo no, se entera, conmigo no». Milagrosamente no le arrancó la cabeza. Eto’o quitó hierro al asunto afirmando, poco después: «No hay para preocuparse, somos como un padre y un hijo.»
Unos años despues, Luis volvía al Mallorca y, según dice, fue el propio Eto’o quien le convenció: «Eto’o me llamó y me dijo: «Abuelo», vengase para acá…y a mí eso me hizo tilín». Luis era así.
Luis Aragonés, «El Sabio de Hortaleza» (sobrenombre familiar heredado de su hermano Matías, considerado una persona culta), fue un excelente entrenador. Era un líder nato, un gran motivador que conocía perfectamente la mentalidad del futbolista y sabía gestionar egos y manejar vestuarios; «he sido cocinero antes que fraile» era una de sus frases favoritas en referencia a las 15 temporadas en las que jugó en Primera División defendiendo los colores del Atlético de Madrid y alimentando al mito.
Entrenó durante 31 temporadas a 10 equipos distintos, pero su mayor legado fue el titulo de campeón de la Eurocopa de 2008 con la Selección. Después de décadas de decepciones y polvo acumulado en la sala de trofeos, Luis aprovechó una gran generación para construir a la mejor España de todos los tiempos. Pero no pudo acabar su obra; cansado de las críticas de la prensa (sufrió un acoso mediático incensante por su decisión de no contar con Raúl González), aseguró que lo dejaba tras la Eurocopa. La Federación y los propios futbolistas le pidieron que continuara, pero no hubo manera de convencerlo y lo dejó.
Luis, en efecto, era también un tipo tozudo.

EL HOMENAJE A CALDERÓN
Cántabro de origen pero afincado en Madrid, Vicente Calderón era un empresario de éxito que desde principios de los 50 tenía su segunda residencia en la Playa de Gandia, donde realizó diversas inversiones que contribuyeron al desarrollo turístico de la ciudad. Calderón había recibido la distinción de hijo adoptivo de Gandia en agradecimiento a la obra benéfica realizada por la Fundación María de los Ángeles Suárez de Calderón, creada en 1964 en memoria de su mujer, fallecida prematuramente. La fundación fue la encargada de construir, en 1965, el colegio del mismo nombre, paliando el grave problema de recursos educativos que sufría el Grau de Gandia.
Aficionado al fútbol, Vicente Calderón fue elegido presidente del Atlético de Madrid en 1964 y se interesó por el CF Gandia, su «pequeño hobbie futbolístico», como definió el Diario «As» a su afición por el equipo blanquiazul.
Tenía una buena relación con el presidente gandiense Guillermo Olagüe, así como con Andrés Merí, presidente fundacional y secretario técnico blanquiazul. Lo cierto es que, apadrinados por Calderón, desde las temporadas 1967/68 a 1970/1971 desfilaron por el Guillermo Olagüe un puñado de futbolistas cedidos por el Atlético de Madrid que, en general, ofrecieron un buen rendimiento y contribuyeron a hacer del Gandia uno de los equipos punteros del fútbol valenciano. De entre todos ellos los más destacados, sin duda, fueron Orozco y Clares, que llegaron a debutar en Primera División en la década de los setenta: Orozco con el Atlético de Madrid y el Málaga y Clares con el Castellon, Barcelona y Rayo Vallecano, llegando a ser internacional con la selección en una ocasión.
El 4 de Junio de 1969 se celebraba una multitudinaria cena-homenaje en el Hotel Bayren, organizada con motivo de la entrega del título de hijo adoptivo a Calderón por parte del alcalde gandiense Juan Lorente García.
La prensa madrileña se hizo eco del homenaje y así, el diario «Pueblo», relataba en su crónica la importante labor de la fundación en el Grau de Gandia y lo multitudinario de una cena que reunió, aseguraba el rotativo, a 900 comensales (!).

El Diario «ABC», por su parte, reseñaba en su sección de Deportes la entrega a Calderón de un Libro de Honor con las firmas de todas las personas y empresas adheridas al homenaje. Además, aprovechando la presencia en el acto del presidente del Valencia CF, Julio De Miguel, informaba de la posibilidad de disputar, en el mes de Agosto, un amistoso en Gandia entre el Atlético de Madrid y el Valencia. Un partido que, finalmente, no llegó a celebrarse.
La cena-homenaje serviría de preámbulo a los actos programados, al día siguiente, en el estadio Guillermo Olagüe, que culminarían con un partido amistoso entre el Gandia y el Rayo Vallecano.

EL PARTIDO
El Jueves 5 de Junio de 1969, día del Corpus Christi y festividad nacional, el Gandia se enfrentó al Rayo Vallecano, que hizo parada en Gandia antes del partido que debía disputar el domingo en Ontinyent, en la última jornada de Liga de Segunda división.
Con la plantilla del Atlético de Madrid de vacaciones, tras una temporada 1968/69 discreta, en la que finalizaron la Liga en séptima posición y quedaron apeados en cuartos de final de la Copa del Generalísimo, se decidió que el equipo colchonero tuviese debida representación en el homenaje a su presidente, reforzando al Gandia con 5 jugadores: en Gandia estuvo el legendario extremo izquierdo sevillano Collar (16 temporadas en el Atlético); también Ufarte, un gallego-brasileño, formado en el Flamengo de Río de Janeiro y que sería segundo entrenador de Luis en la Eurocopa de 2008; Benegas, un joven delantero paraguayo que acababa de aterrizar en el club colchonero; Orozco, un viejo conocido de la afición, pues había jugado en el Gandia la temporada anterior, siendo segundo máximo goleador del equipo; y por último, «El Sabio», Luis Aragonés, tambien conocido como «zapatones» (calzaba un 47), un centrocampista desgarbado pero muy técnico, especialista en el lanzamiento de faltas, buen rematador de cabeza e indispensable en el once titular del equipo atlético.
La gran ausencia en el equipo rival, el Rayo Vallecano, fue Vicente Pastor. El futbolista de Bellreguard, formado en el Gandia, fichó, tras brillar en el primer equipo blanquiazul, por el Atlético de Madrid en la temporada 1967/68. Pastor había sido cedido al Rayo en esa temporada, convirtiéndose en un jugador fundamental en el equipo, pero una grave lesión, unas semanas antes, le obligaron a decir adiós a la temporada.
El Gandia cerraba esa misma semana el campeonato de Liga de Tercera División grupo 6, disputando 3 días después, en casa, el último partido de Liga ante el Albacete. Fue una muy buena temporada en una potente Tercera División, en la que compitió ante rivales alicantinos, murcianos, andaluces y manchegos, y en la que finalizó en cuarta posición. Pepe Arnau, natural de València, era el entrenador blanquiazul desde la temporada 1964/65 y había construido un bloque sólido sustentado en futbolistas como Aguilar (o Sanz) en la portería, Totó, los hermanos Roig (Luis y Vicente), Soldevila, Maso, Danvila o Zuazu. Un equipo que se había reforzado en la temporada 1968/69 con el defensa Quiles y el delantero Clares, ambos cedidos por el Atlético de Madrid, como incorporaciones más destacadas.
Antes del comienzo del partido desfilaron por el césped del Guillermo Olagüe los niños del Colegio Calderón, así como los equipos de las categorías inferiores del CF Gandia, entregando diversos banderines conmemorativos al homenajeado Vicente Calderón.
Se decidió que los refuerzos del Atlético de Madrid actuasen sólo en la primera parte y, de esta manera, el Gandia ofreció un equipo titular de ensueño, el mejor Gandia de la historia, integrado por Aguilar, Quiles, Soldevila, Vicente Roig, Luis Aragonés, Collar, Zuazu, Clares, Ufarte, Benegas y Orozco.
Al descanso se llegó con ventaja del Gandia por 2-1, siendo el navarro Zuazu y el sevillano Collar autores de los goles gandienses. Tras la reanudación, el Gandia formó sin los jugadores atléticos, aprovechando el Rayo para remontar el partido e imponerse por 2-3 con goles de Felines (histórico delantero rayista y futuro entrenador), Botello y Yanko Daucik (hijo del famoso entrenador del Barcelona y Athletic de Bilbao). Francisco Cardós, arbitro de Primera División, natural de Xàtiva, fue el encargado de dirigir un partido que despertó una gran expectación en la ciudad y que puso broche final a los actos de homenaje.

COMO UN PADRE
El 1 de Febrero de 2014, a los 75 años, pocos meses después de serle diagnosticada una leucemia, Luis Aragonés fallecía en un hospital madrileño, donde había sigo ingresado días antes. Su muerte provocó una gran consternación en el fútbol español y especialmente en el Atlético de Madrid, el club cuyos colores defendió durante tantos años.
En las jornadas que siguieron a la noticia de su fallecimiento se manifestaron múltiples muestras de duelo en las que, quienes le conocieron, coincidían en describir a Luis como una persona carismática, entrañable y honesta. Un tipo humano, con sus virtudes y sus defectos.
De entre todas las opiniones vertidas en aquellos días, es inevitable rescatar las palabras del «negrito», su viejo amigo del Mallorca, Samuel Eto’o, que volvía a hacer mención a su vínculo, casi paternal: «mi relación con él fue como la de un padre y un hijo. Siempre discutíamos, pero nos queríamos. Nunca le olvidaré.»
Xavi Martí- Fútbol en la Ribera del Serpis.
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