Recuerdo a Ginés en el verano de 1990. Y cuando tecleo «Verano 1990» en el motor de búsqueda de los recuerdos viene ineludiblemente a mi memoria el Mundial de Italia…
Fue el Mundial de Stojkovic, el delantero de una yugoslavia en descomposición que envió a casa con sus dos goles a España (por entonces campeona en frustraciones), en octavos de final. Fue también el Mundial de Gica Hagi, el «Maradona de los Cárpatos», líder de la Rumanía Post-Ceacescu; el de Roger Milla y su lambada en el córner haciendo vibrar a un continente entero y llevando a Camerún a cuartos de final; el del entrenador Jackie «La Jirafa» Charlton y la sorprendente Irlanda, con su futbol tan tosco como efectivo; el de Lothar Matthaus, de la Alemania reunificada y campeona («el fútbol son once contra once y siempre gana Alemania»); el del incalificable René Higuita haciendo honor a su apelativo («El Loco») bajo los tres palos de Colombia; el Mundial de Diego Maradona, que bordeaba ya el abismo personal…
Yo estudiaba (es un decir) en el Instituto María Enríquez y ese verano de 1990 tuve mi primer trabajo de verano en una inmobiliaria.
Un día entró Ginés a la oficina para realizar una gestión. Recuerdo una conversación con otra persona en la que explicaba que esa temporada había jugado en el Villareal. Me pareció una persona muy afable y educada. De no haber sido por mi timidez recalcitrante me hubiera encantado preguntarle por su paso por el Gandia. Porque Ginés Asensio fue uno de los mejores jugadores del equipo en aquellas dos temporadas en las que vistió la camiseta blanquiazul (1987/88 y 1988/89).

Ginés era fácilmente reconocible desde la grada, no solo por su testa rubia sino, especialmente, porque cuando recibía el balón se encendían las alarmas en la defensa del equipo rival. Era un medio centro zurdo rápido, de trato exquisito con el balón y buen golpeo de la pelota.
Originario de Alcázar de San Juan (Ciudad Real), Ginés Asensio comenzó a destacar en la Gimnástica Alcázar hasta llamar la atención del Albacete y del Atlético de Madrid.
Fichó finalmente por el cuadro albaceteño, con el que debutó en Segunda División A, con solo 19 años, aunque la falta de continuidad provocó su marcha al Imperial, filial del Real Murcia.
En la temporada 1987/88 llega a Gandia dispuesto a ayudar a un equipo que, en su segunda temporada en la categoría, ambiciona el ascenso. Ginés da muestras de su talento aunque el equipo, pese a invertir mucho dinero, quedará lejos del objetivo. Es en Gandia donde coincidirá con el entrenador valenciano Juan Muñoz, amigo, mentor y personaje importante, como veremos, en su carrera futbolística.
En la campaña 1989/90 marcha a Villareal, pero la experiencia resulta decepcionante, pues el «Submarino Amarillo», que entonces estaba muy lejos de imaginar el brillante futuro que le aguardaba, acaba descendiendo, contra todo pronóstico, a Tercera División.

Ginés regresa a casa para jugar en Tomelloso, a media hora de Alcázar, un equipo debutante en Segunda B, hasta que Juan Muñoz le llama para reforzar al Alcoyano de la temporada 1991/92.
En El Collao, pese a que el equipo realiza una temporada discreta, brilla sobremanera, disputando 37 partidos de Liga y proclamándose máximo goleador del equipo con 12 goles. Juan Muñoz es requerido para ascender al Levante a Segunda A y se lleva consigo a Ginés.

Al Levante, un histórico que vegeta en Segunda B y que sueña con tiempos pasados, sin duda mejores, llega Ginés en su mejor momento deportivo. Pero, aunque disputará dos temporadas como «granota» y una promoción, no conseguirá el ansiado ascenso.
Su fichaje por el Xerez en la temporada 1994/95 se revelará un paso atrás. La destitución del técnico inicial Manolo Cardo lleva a Ginés al banquillo en la segunda vuelta de una temporada decepcionante.
En el curso 1995/96 Ginés recibe la llamada del Gandia y acepta bajar a Tercera División para ayudar a un club que, tras estar al borde del colapso, aspira a regresar a Segunda B. Aquí se reencuentra con su mejor fútbol y se proclama máximo goleador del equipo con 20 goles, anotando el último de ellos en el partido decisivo de la liguilla de promoción de ascenso ante el Europa. Ginés es incluido en el grupo de «Los Siete Magníficos», el sobrenombre con el que «Futbol en la Ribera del Serpis» bautizó a un puñado de futbolistas que debutaron en los ochenta y que regresan al Gandia de los noventa para ayudar a un club en descomposición.
En la siguiente temporada Juan Muñoz, otra vez, le convence para iniciar una nueva aventura en el Manlleu, pero el entrenador valenciano es destituido a las pocas jornadas y Ginés, que sufre además problemas musculares, apenas jugará. Tras un último intento en Tercera División, de nuevo con el Atlético Tomelloso, Ginés cuelga las botas y fija su residencia en Gandia.
Comienza una prolífica etapa como entrenador en la comarca, primero en el Juvenil del Gandia y posteriormente en La Font, Villalonga y Beniopa.
Recuerdo ver a Ginés, muchos años después de aquel verano de 1990. Trabajaba él en una tienda de electrodomésticos de un centro comercial de Gandia. El paso del tiempo, inexorable, reconfigura siempre nuestros recuerdos y a uno, inevitablemente, cuando vuelve a ver a una persona después de mucho tiempo, le viene siempre a la memoria aquella famosa canción de Gardel que contaba»volver con la frente marchita, las nieves del tiempo platearon mi sien»…
El lunes 19 de Marzo de 2013, en pleno bullicio fallero en Gandia, Ginés celebraba una comida con amigos, cuando repentinamente se siente indispuesto y se dirige al lavabo. Desde fuera del mismo se escucha un golpe, y cuando acuden sus acompañantes se encuentran su cuerpo desvanecido. Ginés sufrió un infarto que le arrebató la vida de un zarpazo fulminante e inesperado, haciendo inútil cualquier intento de reanimación. Tenía una hija y un hijo y faltaban pocos meses para que cumpliera 47 años.
Su desaparición deja conmocionada a la Gandia futbolística, que llora su marcha y reinvidica a la persona por su trayectoria deportiva, su calidad humana y por los valores que trató de transmitir en cuantos equipos entrenó.

Años después de su marcha, Ginés sigue siendo recordado por la UD Beniopa, el equipo al que entrenaba en Primera Regional en el momento de su fallecimiento, que organiza todos los veranos, desde 2014, un torneo en su nombre.
Ginés ya no está entre nosotros, pero queda por siempre el legado sentimental de aquel manchego afable que echó raíces en Gandia y transmitió su sapiencia futbolística y sus valores de deportividad y respeto a multitud de chavales de la comarca; de aquel rubio talentoso, presente entre mis recuerdos futbolísticos de la adolescencia que, enfundado en la camiseta blanquiazul, despertaba siempre aplausos en las gradas del Guillermo Olagüe cuando desbordaba al rival.

Xavi Martí-Futbol en la Ribera del Serpis.

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